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cuento popular asiático · Cuento tradicional oriental 'El conejo de la luna'

El conejito que vive en la luna

cuento popular asiático · un cuento para leer en voz alta · unos 3-4 min

Hace mucho, muchísimo tiempo, en lo más hondo de un bosque, vivían juntos y muy unidos un conejo, un zorro y un mono.

Los tres iban siempre de la mano, charlando bajito, y cuando algo bueno les pasaba, lo compartían entre ellos sin pensarlo.

Una tarde muy fría, en un sendero del bosque, encontraron a un anciano cansado, sentado en el suelo. “Ay, qué hambre tengo… ¿podríais compartir conmigo algo de comer?”, les dijo.

Los tres, de buen corazón, se separaron enseguida para buscar algo que ofrecerle al anciano.

El mono trepó de un salto al árbol y bajó los brazos llenos de frutas bien maduras. El zorro corrió hasta el arroyo y trajo entre los dientes un pez que brillaba.

Pero el conejo, por más que corría y corría por los campos, no encontraba nada que pudiera ofrecerle al anciano. Es que el conejito no tenía nada que fuera suyo.

Volvió con la cabecita baja, pero no podía quedarse así, con las manos vacías. Su pequeño corazón latía deprisa, pum, pum, pum.

El conejo pensó y pensó, y al final se acercó al anciano y le dijo: “Abuelo, no tengo nada que darte… pero quiero darte todo mi corazón.”

Entonces, para el anciano, juntó hierba seca y ramitas, y con sus patitas, saltando de aquí para allá, le preparó con todo su cariño un lugar tibio donde descansar.

El corazón del pequeño conejo era tan bondadoso que parecía iluminar el bosque helado entero.

En realidad, aquel anciano había bajado del cielo. Había estado observando en silencio la ternura de los tres.

El anciano sonrió con dulzura y, con las dos manos, alzó suavemente al conejito. “Qué hermoso es tu corazón. Ojalá esta calidez alumbre el mundo entero”, le dijo.

Y con cuidado lo colocó sobre la luna redonda.

Será por eso, quizá. Cuando la luna se asoma brillante en el cielo de la noche, parece que dentro vive un conejito. El pequeño conejo de la luna, de corazón bondadoso, que un día lo compartió todo sin guardarse nada.

Unas palabras de papá ✶

El conejito era quien menos tenía de todos, pero su corazón era el más generoso. Estaba dispuesto a dar incluso lo poquito que guardaba dentro de sí.

Si el cielo decidió subirlo hasta la luna, quizá fue porque deseaba que esa ternura se volviera una luz capaz de alumbrar el mundo entero cada noche. El cariño verdadero llega así, lejos y brillante.

Mi amor, cuando mires la luna, acuérdate de esto: hasta la mano más pequeña, si guarda dentro el deseo de compartir, puede iluminar toda la noche. Papá desea que tu corazón sea siempre así de cálido.

Que duermas bien, pequeño. 🌙