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cuento popular occidental · Cuento de los hermanos Grimm 'Los músicos de Bremen'

Los músicos de Bremen

cuento popular occidental · un cuento para leer en voz alta · unos 4 min

Hace muchos, muchos años, en una granja vivía un burro ya viejo. De joven cargaba sin esfuerzo los fardos más pesados, pero ahora las fuerzas ya no eran las de antes. Entonces el burro decidió salir a buscar un camino nuevo.

“Eso es: iré a Bremen y me haré músico”, dijo el burro. Porque cantar, cantar sí que sabía. Y echó a andar con paso firme, tras, tras, lleno de ánimo.

No había caminado mucho cuando, tendido al borde del sendero, se encontró con un perro. También él se veía viejo y sin fuerzas. “Ven conmigo a Bremen. Hagamos juntos una banda de músicos”, lo invitó el burro con dulzura.

El perro se alegró mucho y se unió al viaje. Los dos caminaban charlando bajito, contándose cosas. Un poco más adelante, vieron a un gato sentado con cara de pena.

“Señor gato, venga usted también con nosotros. Tiene una voz preciosa, y en nuestra banda hace mucha falta”, dijo el burro. El gato aceptó encantado. Y ahora ya eran tres, caminando juntos uno al lado del otro.

Por último, sobre una tapia, se encontraron con un gallo que cantaba. El gallo tampoco tenía adónde ir. “¡Con esa voz tan potente serías el mejor cantante de todos!” Y los cuatro siguieron camino juntos.

Cayó la noche, y la oscuridad los sorprendió en medio del bosque. A lo lejos vieron una casita de la que salía una lucecita. Se acercaron y, al mirar por la ventana, vieron dentro a unos hombres de mal corazón.

Aquellos hombres habían tomado lo que no era suyo y tenían la mesa repleta de comida. Los cuatro amigos, que estaban hambrientos, juntaron las cabezas y tramaron una idea. “¿Y si cantamos todos a la vez, con una sola voz?”

El perro se subió al lomo del burro, el gato encima del perro, y el gallo encima del gato. Y entonces, a una señal, todos a la vez gritaron con toda su fuerza. ¡Iii-oo, guau-guau, miau, quiquiriquí!

Ante aquel estruendo que estalló de golpe, los hombres de la casa se llevaron un susto enorme. Creyeron que algo muy grande se les venía encima y salieron huyendo, locos de miedo. Y nunca jamás volvieron.

Así fue como los cuatro amigos se quedaron con la casita tibia. Compartieron la comida en buena armonía, y se sentaron juntos, muy cerquita, en un rincón acogedor. Después de tanto tiempo, tenían la barriga llena y el corazón tranquilo.

La casa era tan calentita que los cuatro decidieron no seguir hasta Bremen, sino quedarse allí. Aunque nadie los apreciara por ser viejos y estar cansados, juntos no había nada que no pudieran hacer. Y los cuatro amigos vivieron felices durante mucho, mucho tiempo, cantando siempre.

Unas palabras de papá ✶

El burro viejo, el perro cansado... solos, se habrían sentido muy tristes. Pero cuando los cuatro unieron sus corazones, hasta en lo más oscuro del bosque encontraron un hogar tibio. Fue posible porque estaban juntos.

Mi pequeño, a lo largo de la vida te encontrarás con cosas que pesan demasiado para llevarlas solo. Cuando eso pase, ojalá sepas unir tu corazón al de los amigos que tengas cerca. Si os apoyáis y os completáis donde a cada uno le falta, las fuerzas pequeñas se suman y se vuelven una fuerza enorme.

Y si alguna vez alguien te dice "ya no sirves para nada", deseo que no bajes la cabeza. Papá sueña con que seas valiente como el burro, capaz de echarse al camino con paso firme a buscar una vida nueva.

Duerme profundamente, pequeño. 🌙